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jueves, 11 de diciembre de 2014

Visita al Parque Nacional de Killarney (Irlanda)

Visita al Parque National de Killarney (Irlanda)

Pequeño entrante del Lago Leane

El Killarney National Park es el más antiguo de Irlanda, creado en 1932. También es actualmente el más extenso del país y declarado Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO en 1981. Teniendo una joya así a un tiro de piedra (media hora en autobús desde el pueblo de Killorglin en el que vivo), no podía sencillamente estar un mes en este país y no ir a visitarlo (y tened por seguro que volveré mucho cuando regrese en enero).

Empecé desde Killarney ciudad y me adentré por el "River way", que sigue durante kilómetros en paralelo al río que cruza la ciudad y que desemboca finalmente en el Lago Leane, el más grande de los dos principales del Parque. Después de bordear la orilla seguí hasta el castillo Ross y finalmente de vuelta a la ciudad.

Vista desde uno de los puentes del "River Way"

Por cierto... aunque estaba lleno de gente, deportistas y tal, hubo casi una hora en la que no me crucé con nadie. Sensación relajante donde las haya.


Un parque "ideal"



Desde un punto de vista subjetivo, me gustó que no haya "exactamente" ninguna zona del parque inaccesible. Hay senderos que conducen a todas partes y puedes patear a gusto por donde te plazca para verlo todo. Hay caminos decentes (algunos asfaltados, otros de tierra entre la foresta) que te permiten llegar a cualquier punto de la orilla de los lagos, meterte en lo profundo del bosque o cruzar largos pastizales hasta las montañas. Todo perfectamente señalizado, además.


No necesitas salirte del camino y chafar por ahí porque hay senderos para recorrerlo todo, y hasta paseos en barco para ver los lagos. De ahí que estuviera todo (al menos a mi vista) tan perfectamente conservado y la fauna se dejara ver sin problemas. 


Fauna

Respecto a la fauna, cabe destacar que este es el único lugar de Irlanda donde está presente el ciervo rojo (Cervus elaphus). Yo solo me los encontré muy de lejos y no pude sacar ninguna foto decente, aunque por supuesto unos prismáticos normalillos me ayudaron bastante a observar estos animales que yo no había visto nunca.

Manada de ciervos rojos en la lejanía


Después, yendo a lo que más me importa en lo personal... las aves, por supuesto. No puedo decir que viera aves rarísimas que nunca he visto antes, pero sí en un mismo recorrido pájaros que habitualmente solo puedes observar en zonas geográficas bastante separadas. 

Primero las habituales en este tiempo y/o omnipresentes...
  • Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
  • Carbonero común (Parus major)
  • Carbonero garrapinos (Parus ater)
  • Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
  • Petirrojo europeo (Erithacus rubecula)

Petirrojo posado en una rama cerca del río

  • Turdus merula (Mirlo)
  • Turdus philomelos (Zorzal)
  • Lavandera (Motacilla alba)
  • Cuervo (Corvus corax)
  • Graja (Corvus frugilegus)

Graja en Ross Castle

  • Corneja cenicienta (Corvus cornix)
  • Grajilla (Corvus monedula)
Típicos de zonas húmedas e incluso costas:
  • Cisne mudo (Cygnus olor)
  • Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)


Cormoranes. Uno desplegando las alas para secarse y/o
mejorar la digestión, como es costumbre en esta especie.

  • Ánade azulón (Anas platythynchos)


  • Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus). Cerca del castillo Ross hay un pequeño afluente hacia el lago en el que al parecer reside una pequeña colonia de gaviotas reidoras (que compartían espacio y comida con los ánades). 

Gaviotas reidoras con plumaje invernal


Mil ecosistemas en un solo parque

Ejemplo de lago, bosque y montañas



Es sorprendente la cantidad de hábitats distintos que puede albergar la misma reserva. El lago es sin duda un punto de influencia importante para los ambientes colindantes, permitiendo la aparición de marismas y de bosques de ribera perpetuamente inundados. Gran parte del parque está ocupado por bosque húmedo y caducifolio, aunque también alberga las montañas más altas de la República de Irlanda (no llegué a visitarlas... La extensión del parque hace que sea imposible recorrerlo con solo un día), con pinares y avetosas.



La biodiversidad asociada a tan gigantesca cantidad de ambientes es fácil de imaginar, empezando por la fauna y terminando por una vegetación que varía en altitud y extensión formando paisajes totalmente diferentes. El bosque húmedo de la llanura de inundación del Lago Leane es uno de los más grandes de este tipo en Irlanda. El robledal (el más extenso de la isla) es el tipo de bosque más extenso de Killarney.

Un paraíso para las aves de ambientes húmedos




Además de bosques y orillas hay también grandes espacios abiertos (yo en especial los vi cuanto más cerca de la ciudad de Killarney). Es allí donde se pueden divisar con más facilidad las manadas de ciervos rojos tan características de la zona. 

Prados donde pastan los ciervos rojos


Patrimonio cultural e histórico

Ruina "random" en medio del bosque

Por supuesto, en el Parque Nacional de Killarney además de un despliegue natural también hay gran cantidad de patrimonio histórico en forma de ruinas desperdigadas a lo ancho y largo del parque.


Tal vez lo más conocido sea el Castillo de Ross (Ross Castle), edificado a principios del siglo XV. Bastión de leyendas, historias y supersticiones. Típica fortaleza con ventanas largas y estrechas para lanzar flechas y hacer difícil un contraataque. 

Ross Castle

La lástima es que me quedó la sensación de no haber visitado lo suficiente del Parque. Como ya he dicho, es el más grande a la isla de la República de Irlanda y me dejé muchas cosas por visitar. Quiero subir a las montañas más altas que hay por aquí, visitar las robledas con calma. Más, más y más. No tener coche me dificulta un poquito las cosas, pero volveré... Uy si volveré. 




--

P.D. Con la broma, al volver a la civilización ciudad me compré una enciclopedia de aves de Reino Unido y Europa. Inglés y pájaros, buena combinación para mejorar el idioma (al menos para mí). Fotos chulísimas, explicaciones científicas y muchos cantos en un CD. Y baratillo, que no va mal. 


jueves, 27 de noviembre de 2014

Cuando una puerta se cierra, otra se abre (o cuando un país te da la espalda, otro te recibe)

Cuando una puerta se cierra, otra se abre
(o cuando un país te da la espalda, otro te recibe)

Caragh Lake, condado de Kerry (Irlanda)

Al final me decidí. Di el gran paso. Algo que puede parecer pequeño pero que para mí fue un salto al vacío sin paracaídas. Más de un año parada fue sencillamente demasiado, y ahora estoy embarcada en algo que no tiene rumbo pero que necesitaba con todas mis fuerzas.

Necesitaba salir de España, de la continua e infranqueable espiral "no tengo trabajo porque no tengo experiencia y no tengo experiencia porque no tengo trabajo". Lo que estoy haciendo ahora no constará en mi currículum como uno de mis mejores logros en el ámbito científico, pero es un modo de poner el pie en un país diferente y, ¿quién sabe?, encontrar la oportunidad definitiva lejos de donde me la han negado.

Creo que en este momento sobrevolaba los Pirineos.
Una barrera tanto física como psicológica.

Ahora mismo (y si todo va bien durante unos cuantos meses más) soy aupair. El trabajo de aupair es algo muy común en los países anglosajones: una chica (también hay chicos, aunque son muchos menos) extranjera que es acogida por una familia para hacerse cargo de sus hijos mientras ellos no están en casa. No es una niñera ni una criada, sino que viene a ser más como un miembro más de la familia. Te ofrecen alojamiento y gastos pagados, además de un pequeño sueldo, con el aliciente de disfrutar del intercambio cultural y perfeccionar el idioma del país de destino (en mi caso, por supuesto, el inglés). Solo llevo dos semanas aquí, pero mi inglés es muchísimo más fluido de lo que fuera hace apenas un mes.

Actualmente resido en Caragh Lake, colindante al pueblecito de Killorglin en el condado de Kerry. Me ha acogido una familia con tres hijos, un niño y dos niñas de 5, 9 y 11 años respectivamente. En realidad elegí Irlanda porque sus gentes me parecen más "cálidas" y "alegres" que los ingleses, y por el momento no parece que me haya equivocado; aunque hay diferencias, por supuesto. Disfruto mucho del intercambio cultural, comparando constantemente con los niños y sus padres cómo son de diferentes las cosas entre España e Irlanda. Empezando por la gastronomía y terminando con festividades y juegos, nunca falta tema de conversación.

Orilla de Caragh Lake

Otra cosa que ansiaba explorar de Irlanda, tal vez por el buen recuerdo que tengo de mi viaje a la Isla Esmeralda hace 4 años, es su impresionante belleza natural. No creí poder ver nada más impresionante que la Calzada de los Gigantes, los Acantilados de Moher o la zona de Glendallogh, pero cada palmo de Irlanda es una pequeña joya para los amantes del medio ambiente. Un clima perpetuamente húmedo y lluvioso ofrece una tierra siempre verde, sembrada de lagos y ríos. Justo aquí al lado tengo el Parque Nacional de Killarney, el más grande de Irlanda y también el más antiguo (y que visitaré un día de estos, of course). 

En general la gente tiene bastante más conciencia ambiental que en España, en mi opinión. Reciclan absolutamente todo sin cuestionar las razones, utilizan placas solares y térmicas para el agua, hacen su propio compost con los restos orgánicos... También hay aerogeneradores para depende qué zonas. Muchas casas pueden abastecerse por sí solas en caso de necesidad. Aunque claro, tal vez esto sea algo mucho más común en el espacio rural, que es donde me encuentro, que en lo que viene a ser la ciudad.

Disfruto mucho de esta vida, para qué negarlo. Lejos de la ciudad y la aglutinación de gente y con un paisaje que para mí es sencillamente como pisar el cielo.


Pero no voy a engañarme a mí misma. Estas no son unas vacaciones, ni yo una "aventurera" que se va a ver mundo. Soy una emigrante que se va de España para ganarse la vida porque no puedo hacerlo en mi país. Y por muy bien que me traten, por mucho que me haya integrado en esta familia, no puedo perder de vista ésa tristeza remanente. La sensación de que algo no está bien por mucho que esté disfrutando el momento. El constante "y si": ¿y si me hubiera quedado en España? ¿Y si hubiera esperado un poco más? ¿Y si esto no conduce a nada? No lo sé. Tal vez haya muchísima gente que tenga también este run-rún constante entre ceja y ceja. 

Este no es mi sueño. Yo quiero ejercer mi profesión. No pretendo ser millonaria, ni ganar un suelo de más de 1000 euros al mes. Por supuesto que no. Pero sí una (una sola) oportunidad para la que me he estado preparando toda mi vida y 6 años en la universidad. Tengo muchos compañeros que de un modo u otro han conseguido seguir con sus profesiones, pero yo tenga la sensación de seguir estancada por mucho que haya empeñado el año y medio en el paro haciendo mis pinitos en diversos campos científicos. 

No sé cuándo volveré a España para quedarme. De verdad que no lo sé. Y eso me asusta. Igual que me asusta saber que las consecutivas generaciones de licenciados/graduados vean cómo les cortan las alas antes de poder salir del nido. Y por mucho que eche de menos a mi gente, a mi país, seguir sin "hacer nada" como hasta ahora no era una opción para mi estabilidad emocional. 

De momento, me quedo en Irlanda todo lo que pueda. No es como esperaba que sería mi vida a los 25, pero es mejor que nada. 


viernes, 20 de junio de 2014

Ireland Remember: mi inolvidable viaje a la Isla Esmeralda

Ireland Remember: mi inolvidable viaje a la Isla Esmeralda

Típica estampa de un paisaje irlandés

Tuve la suerte de poder pasar tres semanas a gastos pagados en Dublín en verano de 2010, gracias a una beca. El objetivo era aprender inglés (cosa que hice, y bastante), pero por supuesto pinché a mis amigos para arrastrarlos (ellos también querían, jaja) a los paisajes paradisíacos de los que tanto me habían hablado cuando teníamos algún día libre. Puedo jactarme de que lo conseguí... y de lo contrario me hubiera arrepentido pero mucho. 

Y es que, con perdón de España, Irlanda es el país más bello que he tenido el placer de visitar. Quizás es lo que me ha dicho mucha gente: los del norte vienen a la costa levantina y se maravillan con el cambio de colores de las estaciones. Yo fui a Irlanda y me enamoré de sus verdes perpetuos, imposibles. 

Lluvia: día sí, día también

Nada más descender en el aeropuerto ya tuvimos que atravesar una masa de nubes de lluvia, y se quedó para toda la noche (la del final del Mundial de 2010, por cierto). Cada día llovía al menos un ratito, nunca lluvias torrenciales pero sí persistentes. Y eso permite que Irlanda tenga una vegetación siempre verde y unos bosques frondosos a poco que te alejaras de los núcleos urbanos. Y eso que era pleno verano, que conste. 


No sé si es que estuve demasiado poco tiempo y tal y como me decían hubiera acabado cansándome del asunto, pero a mí me encantaba que lloviera todos los días. El clima era maravilloso, ni frío ni calor y siempre un poquito de lluvia para refrescar alternado con un sol que podía durar horas. 

Irlanda es un país eminentemente ganadero más que agrícola, y es que con esos pastos infinitos no se puede pedir menos. Aunque por alguna razón el animal "nacional" parece ser un oveja, el ganado que se aprecia en sus paisajes es casi exclusivamente vacuno. Y también caballos (MUCHOS caballos). Si ése modelo de pastoreo fuera viable en España, me sentiría mucho más feliz de saber que el ganado tiene una vida digna. 

Las típicas vacas con manchas, que aquí en levante como que no jaja




Dublín: Ciudad de jardines

Monumento grande de narices estrella de Phoenix Park

Es lo primero que a mí me llamó la atención (a la mayoría fue la fiesta y la cerveza, of course). Da igual por qué calle de la ciudad fueras, en todas había o desembocaban en un parque o una zona verde. Y qué parques... no tendrían todo de columpios, pero sí césped impecablemente cuidado, flores de cien especies, arboledas impresionantes y estanques y lagos con puentes de ensueño. Sin ir más lejos, Dublín cuenta con el parque urbano más grande de Europa (Phoenix Park), y si no recuerdo mal es la segunda ciudad europea con más metros cuadrados de zona verde por habitante. Una delicia para los que estén hartos de tanto edificio como yo, vaya.

Nutrias en el zoológico de Phoenix Park

El susodicho Phoenix Park está algo lejos del centro, pero es lo bastante grande como para albergar un zoológico entero, y bien grande, en su interior (y uno muy bonito, por cierto. Muy bien acondicionado para los animales, algo que no todos estos sitios pueden decir). Pero es que el zoo es diminuto en comparación a los 16 kilómetros de perímetro y las 700 y pico hectáreas de parque. Si hasta hay manadas "salvajes" de ciervos dentro. Hace falta un mes entero para pateárselo todo, imagino. Ojalá todas las ciudades, ya fueran o no capitales, aprendieran de Dublín en este aspecto para los que por trabajo o vida familiar no puedan huir de las urbes y al menos refugiarse en estos pedazos del Edén. 


Estanque en St. Stephen' Green, uno de los parques más céntricos

Pareja de cisnes en St. Stephen's Green (enormes, por cierto)

Ánades reales y palomas, juntitos


Howt: pueblecito de ensueño


Se trata de un pueblecito pesquero y a la vez turístico que está a media hora de Dublín, tomando el famoso tren DART (uno verde muy colorido). Es un lugar donde al parecer viven muchas celebridades irlandesas y se ha vuelto un enclave con mucho encanto. Empezando por un grupo de focas que vive de forma permanente en el puerto y terminando por una línea de costa que invita a tomar un paseo inolvidable.


Ola ke ase?




Calzada de los Gigantes: titanes geológicos

La primera excursión así seria que hicimos fue a ver una de las maravillas naturales más célebres de Irlanda, la Calzada de los Gigantes (The Giant Causeway's). El lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad y Reserva Natural Nacional en los 80s. Está ubicado en Irlanda del Norte, es decir, parte de Reino Unido y no del país de Irlanda; al estar bastante lejos de Dublín hay que chuparse unas cuantas horas de autobús, pero es que el camino hasta allí vale y mucho la pena por las impresionantes vistas de islotes volcánicos, acantilados donde la hierba llega hasta la orilla y calas de aguas cristalinas. 




Una vez llegado al sitio en sí, una entiende que se le de tanto bombo y publicidad. El complejo en sí consta de unas 60.000 columnas basálticas formadas por un enfriamiento rápido de la lava en una erupción sucedida hace unos 60 millones de años. Al enfriarse y perder volumen, la roca adopta un curioso patrón hexagonal entre columna y columna que bien parece hecho por la mano del hombre. Por supuesto debió sedimentar encima, pero el desgaste del mar y el viento han expuesto de nuevo el basalto, mucho más difícil de erosionar. 


El susodicho patrón hexagonal en el basalto


Playas enteras de columnas hexagonales


Glendalough: la tierra de los lagos

Paisaje neblinoso en Glendalough

A parte de conservar gran parte del encanto celta típico de Irlanda, con monasterios y edificios de épocas ya pasadas, la zona de Glendalough (en el condado de Wicklow) es probablemente lo más hermoso que vi en ése viaje. 


Se trata de un complejo de lagos con dos principales masas de agua (Lago Inferior y Lago Superior),enclavadas en valles de una belleza prácticamente idílica. Bosques húmedos increíblemente verdes cruzados por arroyos y cascadas ocultas entre la foresta. Sencillamente precioso. 

El aberroncho de los bosques posando para la foto, jaja





No es lo más "impresionante" que uno pueda ver en Irlanda, pero a mí es la excursión que más me gustó. Porque para mí era el paisaje perfecto que tan difícilmente puedo encontrar en mi tierra natal. Una acumulación de pequeños detalles pintorescos que hacían que no quisiera marcharme de allí. 


Acantilados de Moher: una de las maravillas naturales de nuestro mundo


Este paraje se quedó a las puertas de formar parte de las 7 Maravillas Naturales del Mundo, pero sí quedó entre los finalistas de forma oficial. No puede describirse la enormidad de esos acantilados sin estar presente, la sensación que provoca sentarse en el borde y pensar que solo agua y más agua te separa de América. Los acantilados se elevan una media de 120 m (¡120!) sobre el nivel del mar, aunque en sus 8 kilómetros de recorrido se llegan a los 200 y pico. Impresionante. Y todo ello cubierto hasta el mismo precipicio de esa hierba tan verde que lo cubre todo.


Y hasta aquí la parte natural de Irlanda que vi. La isla en sí es una oda a la fusión entre el hombre y la naturaleza. Por supuesto que Dublín tiene mil maravillas por visitar dentro de la ciudad (la fábrica Guinness, el Trinity College, el Barrio Vikingo, etc.), pero sin duda con lo que yo me quedé son con los paisajes. ¿Qué se le va a hacer?