lunes, 23 de junio de 2014

Illes Columbretes: paraíso natural en peligro

Illes columbretes: paraíso natural en peligro

El cráter de la Illa Grossa, con La Ferrera al fondo

Tuve la suerte de poder visitar estas islas el 21 de junio, como parte de la plataforma Petroli no, Columbretes netes a raíz de las hipotéticas prospecciones petrolíferas cerca de las costas de Castellón. Además de un impacto acústico notable para la fauna marina, se teme por derrames accidentales que supondrían un impacto irreversible en éste Parque Natural, uno de los más bellos, peculiares y ajenos a la mano del hombre de la Comunidad Valenciana. Un día entero en alta mar que superó mis expectativas. 

Golondrina "Clavel Primero"

¡Adiós, Castellón!

Partimos del puerto de Castellón con el catamarán Clavel Primero, parte del grupo de barcos conocidos como "golondrinas" que tradicionalmente realizan el trayecto hasta Columbretes. El viaje de tres horas podría haberse hecho pesado pero, además de debates y conversaciones, las gaviotas que seguían el barco y las aves marinas (pardelas baleares y cenicientas, charranes, alcatraces, etc.) amenizaron el rato. Por no hablar de los más coreados visitantes, un grupo de unos seis delfines que pasaron un rato jugando bajo el casco. Inolvidable.


Gaviota de Adouin siguiendo el barco


Delfines jugueteando bajo el casco

Cerca de las 11 divisamos por fin el conjunto de islas, formaciones rocosas erigidas en el medio mismo de la nada. Se trata de cuatro grupos de islas de origen volcánico producidas por erupciones sucedidas hace entre un millón y 3000 años. Media hora más tarde llegábamos a la Illa Grossa, la más grande de las que forman el archipiélago. Ésta es en sí una caldera volcánica donde la mayor parte está hundida y sólo emergen las paredes del cráter, cubiertas de vegetación herbacia y matorral bajo. Echamos amarre dentro de la bahía misma, en lo que fuera la antigua caldera volcánica. 

Visión de la Illa Grossa (izquierda) y La Ferrera (derecha)

Faro de la Illa Grossa

Otros barcos anclados en la bahía

Gaviotas patiamarillas anidando en los acantilados

Por desgracia no todo fue como lo planeado. La Guardia Civil nos estaba esperando, en un despliegue desproporcionado (varios oficiales fueron traídos con helicópteros, cuando éstos deberían usarse solo en casos excepcionales) siendo que precisamente éramos un grupo ecologista y nuestro último pensamiento era dañar en modo alguno el ecosistema. La intención de la protesta era formar una cadena humana a lo largo de la pista asfaltada que cruza parte de la Illa Grossa, exhibiendo pancartas con el lema de la plataforma. Según la regulación legal del parque solo pueden desembarcar 20 personas a la vez y 120 de cupo a lo largo del día. Se pidió una autorización (totalmente legal) para permitir el desembarco del centenar, pero se denegó desde la Conselleria de Medio Ambiente. Con la notable intención de "boicotear" la actividad, se siguió a rajatabla la prohibición de más de 20 personas a la vez, cuando en días corrientes se permiten hasta 40 turistas al mismo tiempo en la isla. A pesar de las trabas, pero, no pudieron impedir que reivindicáramos lo que queríamos y, sobretodo, disfrutáramos de este paraje de ensueño. 

Miembros de la plataforma en tierra

Mientras los grupos iban bajando poco a poco a tierra, el resto aprovechamos para darnos un relajante chapuzón en la bahía. En el cráter la profundidad máxima es de 50 metros, más o menos, pero en el punto de anclaje solo había unos 12 o 15. Dado que no hay arena ni turbidez, pudimos disfrutar de un rato de buceo entre peces (como el sargo común) y observando el fondo, con corales y grietas que en tiempo estuvieron activas. El pensamiento de "Estoy flotando en medio de una caldera volcánica, con agua tan transparente que puedo ver las decenas y decenas de metros que hay debajo de mí. Qué feliz soy". Momento "zen" total. Lástima no tener cámara acuática, la verdad.

Aguas donde nos bañamos en la bahía

Gaviota patiamarilla adulta y su cara de mala hostia

Cuando por fin nos tocó el turno a los que íbamos por Ecologistes en Acció de Vinaròs (éramos tres: Quique Luque y Fina Galindo además de mí) nos hicimos el caminito asfaltado que recorre parte de la Illa Grossa. Les Columbretes, además de Parque Natural, son Reserva Marina (una de las más grandes de España), LIC (Lugar de Interés Comunitario) y ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves): aunque no haya mucha vegetación, es un punto importantísimo de paso de aves. La más abundante es la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), que en estos momentos tiene colonias de cría en los acantilados (alrededor de 1200 ejemplares). No era nada raro ver juveniles del año junto a adultos, presuntamente la cría y alguno de los progenitores. También crían las gaviotas de Adouin (Ichthyaetus adouinii) y el halcón de Eleonor (Falco eleonorae), aunque en mucha menos cantidad. 

La menda con el cráter de fondo

El cráter sin la menda en primer plano

Gaviotas patiamarillas (Larus michahellis),
individuo inmaduro (izquierda) y adulto (derecha)

¿Mami e hijito?

Las vistas eran absolutamente impresionantes, y las gaviotas pasaban cerquísimo. Especialmente espectaculares los picos de aspecto volcánico de El Mascarat y La Senyoreta, producidos por erupciones de gases relativamente recientes. Los guardas nos contaron mucho sobre la vida allí, sobre la familia de fareros que tradicionalmente habitaba la isla y cómo es pasar tanto tiempo lejos de la civilización. 

Islotes volcánicos de La Senyoreta (izquierda) y El Mascarat (centro)

El Mascarat

Faro de la Illa Grossa


Cerca de las seis de la tarde partimos de nuevo hacia Castellón. A la vuelta nos acercamos a La Foradada, un islote que en tiempos fue blanco de prácticas de tiro de diferentes ejércitos. Aun pueden verse algunas bombas, que se lanzaron sin carga, incrustadas en las paredes. 

Isla de La Foradada

La vuelta fue apacible, ya que yo al menos estaba reventada pero muy satisfecha. Me siento muy afortunada de haber podido visitar Les Columbretes, y haré todo lo que esté en mi mano por conseguir que sigan estando ahí.

--

EDITO

Vídeo hecho por muá sobre éste viajecito:



LINKS

Facebook de la plataforma Petroli No, Columbretes Netes

Noticias sobre el acto reivindicativo


viernes, 20 de junio de 2014

Ireland Remember: mi inolvidable viaje a la Isla Esmeralda

Ireland Remember: mi inolvidable viaje a la Isla Esmeralda

Típica estampa de un paisaje irlandés

Tuve la suerte de poder pasar tres semanas a gastos pagados en Dublín en verano de 2010, gracias a una beca. El objetivo era aprender inglés (cosa que hice, y bastante), pero por supuesto pinché a mis amigos para arrastrarlos (ellos también querían, jaja) a los paisajes paradisíacos de los que tanto me habían hablado cuando teníamos algún día libre. Puedo jactarme de que lo conseguí... y de lo contrario me hubiera arrepentido pero mucho. 

Y es que, con perdón de España, Irlanda es el país más bello que he tenido el placer de visitar. Quizás es lo que me ha dicho mucha gente: los del norte vienen a la costa levantina y se maravillan con el cambio de colores de las estaciones. Yo fui a Irlanda y me enamoré de sus verdes perpetuos, imposibles. 

Lluvia: día sí, día también

Nada más descender en el aeropuerto ya tuvimos que atravesar una masa de nubes de lluvia, y se quedó para toda la noche (la del final del Mundial de 2010, por cierto). Cada día llovía al menos un ratito, nunca lluvias torrenciales pero sí persistentes. Y eso permite que Irlanda tenga una vegetación siempre verde y unos bosques frondosos a poco que te alejaras de los núcleos urbanos. Y eso que era pleno verano, que conste. 


No sé si es que estuve demasiado poco tiempo y tal y como me decían hubiera acabado cansándome del asunto, pero a mí me encantaba que lloviera todos los días. El clima era maravilloso, ni frío ni calor y siempre un poquito de lluvia para refrescar alternado con un sol que podía durar horas. 

Irlanda es un país eminentemente ganadero más que agrícola, y es que con esos pastos infinitos no se puede pedir menos. Aunque por alguna razón el animal "nacional" parece ser un oveja, el ganado que se aprecia en sus paisajes es casi exclusivamente vacuno. Y también caballos (MUCHOS caballos). Si ése modelo de pastoreo fuera viable en España, me sentiría mucho más feliz de saber que el ganado tiene una vida digna. 

Las típicas vacas con manchas, que aquí en levante como que no jaja




Dublín: Ciudad de jardines

Monumento grande de narices estrella de Phoenix Park

Es lo primero que a mí me llamó la atención (a la mayoría fue la fiesta y la cerveza, of course). Da igual por qué calle de la ciudad fueras, en todas había o desembocaban en un parque o una zona verde. Y qué parques... no tendrían todo de columpios, pero sí césped impecablemente cuidado, flores de cien especies, arboledas impresionantes y estanques y lagos con puentes de ensueño. Sin ir más lejos, Dublín cuenta con el parque urbano más grande de Europa (Phoenix Park), y si no recuerdo mal es la segunda ciudad europea con más metros cuadrados de zona verde por habitante. Una delicia para los que estén hartos de tanto edificio como yo, vaya.

Nutrias en el zoológico de Phoenix Park

El susodicho Phoenix Park está algo lejos del centro, pero es lo bastante grande como para albergar un zoológico entero, y bien grande, en su interior (y uno muy bonito, por cierto. Muy bien acondicionado para los animales, algo que no todos estos sitios pueden decir). Pero es que el zoo es diminuto en comparación a los 16 kilómetros de perímetro y las 700 y pico hectáreas de parque. Si hasta hay manadas "salvajes" de ciervos dentro. Hace falta un mes entero para pateárselo todo, imagino. Ojalá todas las ciudades, ya fueran o no capitales, aprendieran de Dublín en este aspecto para los que por trabajo o vida familiar no puedan huir de las urbes y al menos refugiarse en estos pedazos del Edén. 


Estanque en St. Stephen' Green, uno de los parques más céntricos

Pareja de cisnes en St. Stephen's Green (enormes, por cierto)

Ánades reales y palomas, juntitos


Howt: pueblecito de ensueño


Se trata de un pueblecito pesquero y a la vez turístico que está a media hora de Dublín, tomando el famoso tren DART (uno verde muy colorido). Es un lugar donde al parecer viven muchas celebridades irlandesas y se ha vuelto un enclave con mucho encanto. Empezando por un grupo de focas que vive de forma permanente en el puerto y terminando por una línea de costa que invita a tomar un paseo inolvidable.


Ola ke ase?




Calzada de los Gigantes: titanes geológicos

La primera excursión así seria que hicimos fue a ver una de las maravillas naturales más célebres de Irlanda, la Calzada de los Gigantes (The Giant Causeway's). El lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad y Reserva Natural Nacional en los 80s. Está ubicado en Irlanda del Norte, es decir, parte de Reino Unido y no del país de Irlanda; al estar bastante lejos de Dublín hay que chuparse unas cuantas horas de autobús, pero es que el camino hasta allí vale y mucho la pena por las impresionantes vistas de islotes volcánicos, acantilados donde la hierba llega hasta la orilla y calas de aguas cristalinas. 




Una vez llegado al sitio en sí, una entiende que se le de tanto bombo y publicidad. El complejo en sí consta de unas 60.000 columnas basálticas formadas por un enfriamiento rápido de la lava en una erupción sucedida hace unos 60 millones de años. Al enfriarse y perder volumen, la roca adopta un curioso patrón hexagonal entre columna y columna que bien parece hecho por la mano del hombre. Por supuesto debió sedimentar encima, pero el desgaste del mar y el viento han expuesto de nuevo el basalto, mucho más difícil de erosionar. 


El susodicho patrón hexagonal en el basalto


Playas enteras de columnas hexagonales


Glendalough: la tierra de los lagos

Paisaje neblinoso en Glendalough

A parte de conservar gran parte del encanto celta típico de Irlanda, con monasterios y edificios de épocas ya pasadas, la zona de Glendalough (en el condado de Wicklow) es probablemente lo más hermoso que vi en ése viaje. 


Se trata de un complejo de lagos con dos principales masas de agua (Lago Inferior y Lago Superior),enclavadas en valles de una belleza prácticamente idílica. Bosques húmedos increíblemente verdes cruzados por arroyos y cascadas ocultas entre la foresta. Sencillamente precioso. 

El aberroncho de los bosques posando para la foto, jaja





No es lo más "impresionante" que uno pueda ver en Irlanda, pero a mí es la excursión que más me gustó. Porque para mí era el paisaje perfecto que tan difícilmente puedo encontrar en mi tierra natal. Una acumulación de pequeños detalles pintorescos que hacían que no quisiera marcharme de allí. 


Acantilados de Moher: una de las maravillas naturales de nuestro mundo


Este paraje se quedó a las puertas de formar parte de las 7 Maravillas Naturales del Mundo, pero sí quedó entre los finalistas de forma oficial. No puede describirse la enormidad de esos acantilados sin estar presente, la sensación que provoca sentarse en el borde y pensar que solo agua y más agua te separa de América. Los acantilados se elevan una media de 120 m (¡120!) sobre el nivel del mar, aunque en sus 8 kilómetros de recorrido se llegan a los 200 y pico. Impresionante. Y todo ello cubierto hasta el mismo precipicio de esa hierba tan verde que lo cubre todo.


Y hasta aquí la parte natural de Irlanda que vi. La isla en sí es una oda a la fusión entre el hombre y la naturaleza. Por supuesto que Dublín tiene mil maravillas por visitar dentro de la ciudad (la fábrica Guinness, el Trinity College, el Barrio Vikingo, etc.), pero sin duda con lo que yo me quedé son con los paisajes. ¿Qué se le va a hacer?

lunes, 16 de junio de 2014

10 razones para considerar al ambientólogo en el panorama laboral

10 razones para considerar al ambientólogo en el panorama laboral

Porque imagino que todos los ambientólogos estaréis hartitos de leer ofertas de trabajo en las que se busca un perfíl de "Biología o afines" y tienes que llamar/escribir aposta para preguntar si "Ambientales también cuenta" (al menos a mí me ha pasado, y bastante). 

Tenemos un perfil propio, merecemos más ofertas encaminadas a nosotros, prácticas empresariales específicas y una consideración a la altura. No por ser "los de la carrera nueva" somos menos que nadie, ni tampoco "la niña fea de la empresa a la que nadie escucha" como una vez nos dijo una profesora en la carrera. Debemos hacernos oír y dejar constancia de que existimos y valemos para nuestro trabajo.

Aquí un decálogo, quizá más subjetivo de lo que debería (me rallo mucho cuando escribo) de 10 razones por las cuales somos profesionales aptos para gran cantidad de puestos. Y también una forma de vida, para qué negarlo. 


Esto no pretende ni mucho menos desprestigiar cualquier otra carrera o profesión. Nunca seré tan bióloga como un biólogo (es imposible), y lo mismo con cualquier otra especialidad. Simplemente señalar algunos de los puntos fuertes que a mi parecer son necesarios resaltar en un profesional del medio ambiente. 

--

1) Somos MULTIDISCIPLINARES

Es lo primero que a uno/a le dicen cuando decide cursar esta carrera. La frase que se queda de la presentación oficial es "sabréis un poco de todo pero mucho de nada". Y es totalmente cierto pero desde el punto de vista positivo. 

No sabremos tanta biología como un biólogo, ni tanta química como un químico, ni tanta física como un físico... ¿Pero a qué otro profesional se puede hallar que tenga una formación reglada en biología, geología, edafología, química, física, leyes, urbanismo, economía, energías renovables, ecología, ingeniería, contaminación y un largo etcétera? La esencia de nuestra profesión es saber integrar todos los aspectos del medio ambiente, incluidos sociedad y economía, y se nos da como a nadie. 

Esta es posiblemente la cualidad que nos define y que debería tenerse más en cuenta. 



2) Vemos el mundo con otros ojos

Hablando con ambientólogos de muchos otros sitios, hemos concordado que más que un conocimiento exhaustivo y conocer de memoria chorropotocientasmil cosas, lo que consigue la carrera de ambientales es cambiar la perspectiva de la vida para siempre. El mundo para nosotros es una especie de rompecabezas, un "mapa de procesos" donde absolutamente todo está conectado y repercute en lo otro. Nadie sabe percibir, comprender y valorar esas conexiones como un ambientólogo. 

Y por cierto... no es algo a lo que puedas "darle al off". Sucede por instinto.



3) Pensamos en lo que hay detrás de todo

Un poco relacionado con lo anterior, francamente. Una persona "corriente" abre el grifo o se toma una lata de refresco sin mayores reflexiones. Al abrir el grifo nosotros pensamos, aunque sea fugazmente, que esa agua ha sido extraída de un pozo y pasada por cloro, conducida a través de cañerías para llegar a nuestra casa y que después (con suerte) irá a parar a una depuradora para ser devuelta finalmente al mar. La lata de refresco habrá llegado a nuestras manos, posiblemente (o no) tras un proceso de reciclado, y cuando acabemos con ella la meteremos en el contenedor amarillo, donde irá a una planta de separación de residuos y donde la reutilizarán para hacer otras latas u otros productos.

Lo hacemos, aunque sea un segundo: no podemos evitarlo. Y [ambientólogos] lo sabéis. 


¿Que si esto es útil en el mundo laboral? Of course, my friends. Porque siempre consideramos las repercusiones de cualquier decisión, y eso es muy importante a medio y largo plazo. 


4) Somos "letrados" en el trabajo de campo

Cualquiera que haya cursado ambientales ha podido disfrutar (en contados casos sufrir) cantidad y cantidad de salidas de campo. En ocasiones eran excursiones a depuradoras, desaladoras o ciudades donde la urbanización se les había ido de las manos. En su mayor parte eran salidas de campo en toda regla, donde meterse en ríos helados o marjales malolientes para muestrear fito y zooplancton, hacer transectos de aves bajo lluvias torrenciales, soportar pinchazos de mil zarzas para recontar plagas de muérdago en pinos o subir a la quinta puñeta para apreciar el cambio de vegetación que se produce en altura. 

¿Y sabéis qué? ¡NOS ENCANTA, CARAJO! Nos encanta embadurnarnos hasta las axilas para obtener muestras de plancton, sudar la gota gorda para ver lagos oligotróficos de alta montaña y madrugar para trampear pequeños mamíferos. El ambientólogo se mueve con ganas y entusiasmo en el campo, y eso nos define (de igual modo que a los biólogos, nuestra profesión hermana). 

Nuestro héroe

5) Somos educadores natos

Y no me refiero a profesionalmente o de forma reglada; me refiero a la necesidad imperiosa de "educar" a los que tenemos alrededor sobre hábitos u opiniones favorables para el medio ambiente. A veces se nos puede tachar de pesados por el continuo "los envases en el contenedor amarillo", "cierra el grifo que gastas demasiada agua" o indignarnos ante cualquier noticia en la que se menosprecie las energías renovables o suceda alguna catástrofe ambiental sobre la que TENEMOS que dar nuestra opinión. 

Inevitablemente, la gente de alrededor acaba contagiándose de esa filosofía (pobres de ellos si no lo hacen, porque yo al menos puedo ser muuuuuuuuy pesada) y poco a poco, granito a granito, nos sentimos como que podemos conseguir un mundo mejor aunque sea solo un sueño. 



6) Como los elefantes, ¡nosotros no olvidamos nada!

Me refiero a que, en muchas otras disciplinas, se centran en lo suyo y solo en lo suyo. Un ambientólogo no puede obviar cualquier otro ámbito porque la multidisciplinariedad forma parte de nuestra profesión. Un economista puede (y probablemente lo haga) olvidar los impactos ambientales generados por una actividad empresarial, pero un ambientólogo no pasará por alto las pegas económicas que pueda tener una determinada actuación ambiental. 

El ambientólogo sabe (o al menos debe saber) hacer el balance entre medio ambiente, sociedad y economía para intentar contentar en la medida de lo posible a todas las partes. El consenso es algo elemental en nuestro trabajo, porque una decisión no apoyada por la mayoría está abocada al fracaso. Un ambientólogo que se precie no es un defensor radical del medio ambiente sin tener en cuenta a la población o sus puestos de trabajo, sino que intenta proteger lo primero y beneficiar a la vez a los segundos. 



7) El medio ambiente y los impactos sobre él nos producen empatía

Creo que es algo elemental para un estudioso del medio ambiente. Las catástrofes naturales o cualquier impacto derivado nos tocan hondo y somos sensibles ante este tipo de temas. Apoyamos siempre la defensa del medio ambiente y la biodiversidad, y las injusticias, la extinción de alguna especie o la desaparición de una espacio natural nos producen tristeza y hacemos lo posible por reivindicar que no ocurran esas barbaridades. 

De hecho la inmensa mayoría de nosotros encaminamos nuestra carrera a la protección del medio ambiente, ya sea mediante la gestión de espacios protegidos, conservación de biodiversidad o minimización de impactos sobre el agua, suelos, aire, etc. 



8) Nos adaptamos a cualquier ambiente y tipo de trabajo

En nuestra formación nos acostumbran a trabajar tanto en el campo como en laboratorios, oficinas, buscando bibliografía, redactando artículos, etc. Es difícil que exista un puesto de trabajo donde un ambientólogo deba empezar de 0 porque llevamos mucho tiempo preparándonos para cualquier tipo de tarea que puedan encomendarnos. No hay un reto lo suficientemente grande porque la versatilidad es algo implícito en nuestra carrera. 



9) Siempre estamos al día (o deberíamos)

La legislación ambiental (como cualquier otra, vaya) está sometida a cambios constantes, y el deber del ambientólogo es estar al tanto de las actualizaciones de la misma. Los periódicos pueden hacer mucho, pero a menudo son titulares escuetos a los que no se da mucha importancia. El ambientólogo debe indagar y enterarse de cómo repercuten estos cambios y sentencias en la sociedad y el medio ambiente para aplicarlo a su actividad laboral. También estar al día del estatus de ciertas especies relevantes, sucesos de interés en espacios protegidos, actividades que puedan ser nocivas para el medio ambiente, etc. 

En realidad no hay que pincharnos mucho, porque por lo general somos curiosos y la información nueva nos es atractiva. A mí, personalmente, no me produce tedio alguno estar al tanto de todo lo nuevo que va surgiendo (y como a mí muchos, imagino). 



10) ¡Amamos nuestro trabajo!

Por supuesto esto es aplicable a todas las carreras y/o profesiones que uno haga por vocación, pero en el caso del ambientólogo es especialmente importante. Para ser ambientólogo debes sentir un respeto real por el medio ambiente

Además... nadie se pega madrugones a las cinco de la mañana, todo ello aprendiendo de economía y leyes, sin recibir más recompensa que el aprendizaje. Digo esto en el sentido de que, habiendo tal variedad monstruosa de asignaturas y temas que tocar, siempre habrá alguno que nos desagrade y se nos haga cuesta arriba. Y aún así llevamos adelante toda es cantidad de información para integrarlo en nuestra vida profesional y nuestro día a día. 


Quizás esta sea la más subjetiva de las razones, pero personalmente no podría ser más feliz cuando hago algo positivo para el medio ambiente. Incluso ahora que la época no es buena en nuestro país y no pinta bien para nuestra generación, una sesión de anillamiento o un curso sobre gestión de residuos consigue subirme la moral. ¡Nunca dejéis de formaros y aprender!

--

Y hasta aquí. Felicidades al que haya llegado al final sin desfallecer. Espero que cualquier ambientólogo que lea esto se sienta identificado, al menos en alguno de los puntos. Puede que haya sido demasiado subjetiva y entusiasta, pero es lo que hay. Soy feliz de haber estudiado ambientales, y aunque tenga momentos de titubeo estoy segura de que ése es mi camino. 

Lo único...

Seguro que a todos os han atacado con la preguntita de marras...

sábado, 14 de junio de 2014

"El vertido de petróleo disminuiría el paro"

"Un derrame de petróleo daría trabajo"

Estas fueron, entre muchas otras, las palabras de Rober Deing, concejal del PP en el ayuntamiento de un municipio de Lanzarote, sobre una hipotética catástrofe petrolera que inundara las costas de Canarias de chapapote. 

ENLACE DE LA IMAGEN: http://img.ibtimes.com/spanish/data/images/full/2010/07/05/1625.jpg

El tema de las prospecciones petrolíferas es tema de actualidad desde hace meses, no solo en Canarias sino también en la Comunidad Valenciana donde van por el mismo camino. Pero al menos (que yo sepa) aquí nadie se ha atrevido a decir que un accidente ambiental podría ser beneficioso en modo alguno. El tal Deing no solo ha dicho que "el turismo se vería solo temporalmente afectado" (la burra delante pa' que no se espante), sino que "En ése caso tendríamos que dar un trabajo de limpieza al 30% de nuestra población sin empleo y seguramente podríamos tener playas mucho más limpias que las que tenemos en este momento". 

Tócate los cojones Maria José. Claro, porque a todos les encanta ver sus playas manchadas de negro y tener que limpiarlas como alternativa de trabajo. A él le ponía yo a limpiarlas con la lengua, so mendrugo

Es que es, con perdón de la expresión, acojonante. Es como cuando Bush hijo dijo en su momento que para evitar los incendios había que talar más árboles. Cualquier con dos dedos de frente sentiría ganas de abofetear a estos sujetos.

Por suerte incluso sus compañeros militantes no estuvieron de acuerdo. Justo ése día Repsol publicó un estudio asegurando que en caso de accidente la mancha de petróleo tardaría menos de 48 horas en llegar a las costas de Fuerteventura. Y el señor Deing dijo que eso era improbable porque "los alisios y las fuertes corrientes marinas lo impedirían".

Anda, hijo... deja la contaminación y las corrientes a los que sepan de ello y haz un favor a todos. 

viernes, 13 de junio de 2014

Crónica de un año perdido

Crónica de un año perdido

"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día en tu vida"
Confucio

No le quito la razón, pero por suerte para este optimista filósofo no vivió en la España contemporánea. 

Hace prácticamente un año que terminé mis estudios universitarios. En realidad podría haberme retirado de ése mundo un año antes, al acabar la licenciatura, pero una de mis mejores profesoras fue clara: "mientras más tiempo paséis estudiando, mejor". Y qué razón tenía. Alargué un año más haciendo un máster que siempre desee hacer (me becaron, gracias a dios) y que me aportó un montón de cosas buenas... pero un año después sigo exactamente igual, o quizá con expectativas aún más negras. 

He empezado a plantearme si elegí mal mi carrera, a pesar de que estudiar el medio ambiente es algo que he querido desde pequeñita. Si debería haber elegido algo que me proporcionara más beneficio a corto plazo y dejar a un lado las ambiciones personales y los llamados "sueños". 

Y después miro a mi alrededor y veo que da igual qué hubiera estudiado, ya fuera universidad, formación profesional o lo que fuera. Tampoco podría aportar nada.

Cada día que salgo a la calle, con un fajo de currículums por si me he dejado algún negocio en el que echarlo, veo a un montón de gente de mi edad que corren apurados por la calle, también con un tocho de currículums bajo el brazo. Para mí no hay mejor reflejo de que somos lo que llaman "la generación perdida". 

De la gente que estudió conmigo, muy pocos han conseguido trabajo y prácticamente ninguno de lo que estudió (salvo algunos "afortunados", nótese la ironía, que cobran una miseria por horas y más horas). Que profesionales tan cualificados como ellos (muchos con los que he coincidido) se vean en dichas condiciones me pone muy triste. Hasta doctorados y doctoradas que conozco ven sus trabajos pender de un hilo. Es deprimente.

Lo peor, sin duda, es la perpetua sensación de decepción hacia los que la rodean a una. Por mucho que te digan lo de "mucha gente está igual", "no nos importa que no trabajes", "ya sabemos cómo están las cosas" etc., es algo que tienes constantemente clavado en el fondo del cerebro. Porque por mucho empeño que le pongas la oportunidad no llega, y sigue pasando el tiempo y el esfuerzo de acabar la carrera y el postgrado en el tiempo estipulado se van por el desagüe tras un año parada. 

Quiero devolver algo a esa gente que ha estado conmigo siempre, apoyándome económica y sobretodo anímicamente. Pero no puedo, y me come por dentro. Y acabas con un irremediable sentimiento de que "no eres lo bastante buena", el gran axioma de nuestra generación. 

No tiro la toalla, no después de seis años formándome en el que siempre ha sido mi sueño. Pero hay días que poco me falta. 

jueves, 12 de junio de 2014

Presentación del canal de Youtube y vídeo sobre el Anillamiento Científico

Presentación del canal de Youtube y vídeo sobre el Anillamiento Científico

¡Hola! Ya hace tiempo que me planteaba hacer un canal de Youtube, donde subir algún videoblog de vez en cuando y compartir vídeos o documentales dignos de mención. Al final me he armado de valor y allá va:

>> Canal <<

El primer vídeo, como no podía ser de otra manera, es un repaso rápido y no muy técnico a mi pasión actual, el anillamiento científico de aves. 5 minutejos de los que estoy muy orgullosa.


P.D. Soy rotacionista, lo cual significa que no puedo pronunciar la "r" sonora de forma correcta. Mi voy suena horrible grabada, quizá ayudado por un sistema de grabación no demasiado pa'llá. Perdón de antemano por posibles daños auditivos :D

--

Anillamiento científico de aves: un mundo que te atrapa


Petirrojo (Erithacus rubecula) anillado el 26 de octubre de 2013 en las Soterranyes de Vinaròs (Castelló)

Una de las cosas que más lamentaré en mi vida es haber descubierto tan tarde el anillamiento científico de aves. He sido estudiante de Ciencias Ambientales en la Universitat de València 5 años de mi vida y posteriormente accedí al Máster en Biodiversidad y Conservación. Solo entonces tuve la suerte de topar con Juan Monrós, profesor y anillador experto durante muchos años, que se ofreció amablemente a incluirme en el grupo Pit-Roig de anillamiento que él lleva en Valencia. Y desde entonces mi vida ha cambiado.

El anillamiento científico de aves es una práctica que, si se realiza adecuadamente, además de resultar inocua para las aves nos permite interactuar con la naturaleza de una manera que pocas otras disciplinas permiten. En primer lugar, se trata de una vocación (como bien he oído "primero una vocación, luego una profesión"), así que de algún modo está asegurado que la inmensa mayoría de gente que se implica en este mundo lo hace por gusto y por "amor al arte" (muy pocos son los afortunados que cobran por esta actividad, pero la recompensa de trabajar con los animales es más que suficiente). 

El objetivo básico es conocer mejor a las aves que habitan en los ecosistemas que nos rodean, siendo necesario conocer su comportamiento y patrones migratorios para obtener la mayor cantidad posible de datos. A las aves capturadas, habitualmente con la técnica de la red japonesa o "red de niebla" (aunque también con cepos-malla y otro tipo de redes para especies concretas), se les coloca una anilla con un número que es una especie de carnet de identidad: solo esa ave tiene dicho código y solo ella lo tendrá. El pájaro se suelta y seguirá con su vida y su ruta migratoria (o estancia, según el caso). Los datos de capturas se informatizan, de modo que si otro anillador captura a la misma ave en algún otro punto de España o incluso en otros países, el anillador original puede seguir el camino que ha hecho el pájaro desde que fue liberado. 

Red de niebla montada en el Parque Natural de la Marjal de Pego-Oliva en septiembre de 2013

Del pájaro capturado, la inmensa mayoría de ellos paseriformes, se obtienen gran cantidad de datos. Los más básicos son la especie, edad y sexo (cuando esto último sea posible), aunque es habitual tomar medidas como el estado del músculo y la grasa del ave, longitud de las alas y la cola y más raramente medidas craneales y del pico. En estudios muy concretos sobre determinadas especies puede ser necesario obtener otros datos como muestras de sangre, parásitos que pueda llevar el ave, medidas completas de todas las plumas del ala, etc.

Además del fin científico, al menos en mi caso, me apasiona la oportunidad de tener un contacto directo con las aves. Antes de empezar mi adiestramiento, tristemente ni siquiera sabía qué aspecto tenía un jilguero (Carduelis carduelis), a pesar de ser una de las aves "más comunes" de España. Rara vez me fijaba en los pájaros más allá de los gorriones (que para mí eran los únicos paseriformes conocidos) o aves de mayor envergadura (rapaces, limícolas, etc.). Desde que me metí en esto en abril de 2013, ya he conocido más de 40 especies de aves y espero conocer muchas más en lo que dure mi adiestramiento y, si hay suerte, mi experiencia como anilladora experta. No puedo negar que, indudablemente, he encontrado mi vocación. 

Familia de gorriones (Passer domesticus) anillada el 12 de julio de 2013 en el Parque Natural del Río Turia (Valencia)

Aún soy un poco "manca" (léase torpe) respecto a las edades y la muda de los pájaros, pero me gusta aportar lo poco que sé sobre estos preciosos animales que son las aves de España y expresar lo mucho que me gusta este mundo del anillamiento.

P.D. Actualmente anillo en Vinaròs, mi ciudad de residencia, y la Marjal de Peñíscola bajo la tutela de Juan Antonio Muyas. 

Gracias a todos los que lo hacéis posible